• Mundo Interior
¡No hay como un taco placero!
Una cálida, blanca y suave manta es la piel de otra piel, su relajante crujir, es un placer sublime.
Salado es el sabor que deja al pasar cual agua de mar.
Ése único sabor cremosa mente crocante.
No hay palabras para describir la sensación  de mis dientes poderosos penetrando y tronando tal corteza.
Suave y rígida a la vez, serenante como las burbujas de plástico. Múltiples burbujas estallan y se quiebran.
Es un instante lento casi estático.
Luego de tanto pecado y para compensar.
El fresco sabor rojo del jitomate, jugoso como unos labios, ácido como las golosinas de la infancia.
Picante por el chile serrano. Es increíble cuanta dicha cabe en una mano.
¡Es una experiencia increíble!
Aguacate. Verde y tersa mantequilla que al bailar con armonía junto al perejil.
Un paladar en éxtasis, dientes vibrantes y para culminar. Igual que un personaje secundario, la cebolla dota de riqueza a esta minimalista y gastronómica belleza.
Quisiera poder pausar el momento para siempre.
Es un placer que tarde o temprano extrañaré.
Para dejar huella de él.
Quedan éstas letras.
Que nacen de las tripas, donde se siente el amor y el dolor.
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